Carmen R. Ponce Meléndez / Monedero
2016-10-27
Forjando la igualdad
“El cuidado es un bien público esencial para el funcionamiento de las sociedades, un derecho fundamental y una necesidad en diversos momentos del ciclo de vida. En América Latina, la forma en que es provisto origina desigualdades profundas. Estas se expresan en una organización social que asigna a las mujeres el trabajo de cuidado remunerado y no remunerado, con frecuencia, a expensas de su bienestar, oportunidades laborales y protección social, bajo la ausencia de respuestas públicas suficientes y adecuadas para quienes requieren de cuidado y sus cuidadoras, y una oferta de mercado sumamente segmentada”.

Es uno de los planteamientos del documento: “Políticas de cuidado en América Latina. Forjando la igualdad”, de la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (Cepal).

Este tema es particularmente importante en México –uno de los países más desiguales de América Latina- las mujeres dedican 28.8 horas semanales al trabajo no remunerado de cuidado, en tanto que los hombres únicamente 12.4 horas. Una brecha de género que tiene graves consecuencias económicas, civiles y políticas para las mujeres.

Esta desigualdad está muy marcada por la maternidad, ya que en el cuidado a personas de 0 a 5 años se aprecia la brecha de género más alta, las más afectadas son las mujeres pobres, las indígenas y las afrodescendientes.

No existe ningún reglamento, decreto o ley que establezca que esta actividad debe recaer exclusivamente en las mujeres, sin embargo la cultura patriarcal así lo establece. Es el llamado “suelo pegajoso” o carga de género.

Romper con esto es parte de la luchas de las mujeres por la igualdad, pero requiere el compromiso del Estado, mediante políticas públicas. Cerrar las brechas de género en aras del desarrollo. Forjando la igualdad, mediante la construcción de políticas públicas para la igualdad.

¿QUÉ IMPLICACIONES TIENE?

Es una limitante muy importante en el desarrollo económico, político y profesional de la sociedad y de las mujeres, una de las causas de la pobreza femenina, porque no les permite acceder a un ingreso, limita su autonomía económica.

Según datos de la Cepal, en México para 2010 la tasa de participación de las mujeres en el mercado laboral (trabajo remunerado) fue de 44.2. En contraste, en Perú alcanza 60.7 puntos porcentuales, incluso en Guatemala es más alta (45.1).

La tasa de participación masculina es prácticamente del doble, 75.9 por ciento. Datos de Enoe-Inegi (2015).

Con el nivel de ingresos sucede lo mismo, el porcentaje de mujeres que ganan más de cinco salarios mínimos apenas es de 4.9 (el equivalente a más de 11 mil pesos mensuales), datos de Enoe-Inegi, tercer trimestre 2015.

Por eso la proporción de mujeres con un ingreso inferior a la línea de bienestar es superior a la masculina (31.5 –versus- 29.1 en los hombres). Datos de Coneval, 2012.

Para forjar la igualdad, la Cepal plantea tres aspectos centrales para el debate regional sobre estas políticas. “En primer lugar, las políticas de cuidado deben articularse a los sistemas de protección social en expansión en los países. En segundo lugar, estas políticas públicas deben responder a un enfoque de igualdad de género con un diseño que articule una oferta para personas que requieren cuidados y los proveen y que promueva cambios en la división sexual del trabajo vigente y mayor corresponsabilidad.

En tercer lugar, debido a su naturaleza multidimensional, es necesario avanzar en respuestas integradas y no fragmentadas y sectoriales frente a los derechos que se busca garantizar. Para ello los Mecanismos para el Adelanto de la Mujer deben participar activamente en su institucionalidad.

El estudio indica que América Latina y México enfrentan una oportunidad histórica para abordar integralmente las desigualdades que conlleva la actual organización social del cuidado, transversalizando un enfoque de igualdad de género y de derechos desde la génesis de las políticas de cuidado. Aprovechar esta oportunidad permitirá impulsar el avance hacia la igualdad en la región de manera sostenible, inclusiva y universal, fomentando sociedades democráticas y orientadas a consolidar garantías universales para el ejercicio de la ciudadanía y el goce del bienestar”.

PD:
El lunes 17 se cumplieron 63 años de que la mujer adquirió plenos derechos civiles y políticos.

 
 
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