Miguel Tirado Rasso / Temas Centrales
2017-04-28
Época de chapulines
Un diario de circulación nacional destacaba, como titular de una nota de primera plana, hace unas semanas: El PRD se desmorona en el Senado, cuando doce senadores, supuestamente del Sol Azteca, pues al menos a ese partido le debía la posibilidad de haber alcanzado su escaño, habrían decidido desertar de su organización para colocarse la camiseta de Morena, algunos de manera franca y abierta, justo cuando las encuestas de la carrera presidencial muestran, insistentemente, a su líder, dueño y candidato único al 2018, Andrés Manuel López Obrador, a la cabeza de la lista de aspirantes presidenciables.

Está claro que algunos de estos legisladores, ya, de tiempo atrás, habían dado muestras claras de quién era, en realidad, el dueño de sus lealtades, que no era precisamente el partido amarillo, por lo que su defección no fue una gran sorpresa, aunque si provocó un enorme malestar entre la dirigencia perredista, por el desequilibrio que sufrió este instituto en su posicionamiento político.

Esta renuncia de montón, desplazó al PRD a un cuarto lugar, como fuerza política en el Senado, al quedar reducida su bancada a sólo ocho fieles a sus colores. En cambio, el Partido del Trabajo, sucursal de Morena en el Senado, pasó de siete a 16 escaños, con la incorporación de 9 ex perredistas, convirtiéndose de esta manera en la tercera fuerza. Y es que, a partir de que el precandidato tabasqueño decidió formar un partido a su imagen y semejanza, era previsible que a quien más afectaría sería al PRD. Todo ha sido cuestión de tiempo.

No es casualidad, que faltando sólo poco menos de un año para la fecha de la elección presidencial, personajes que viven de la política busquen la manera de garantizar su sobrevivencia con saltos de alto riesgo, pues en esto no suele haber límites ni medidas. De lo que se trata es de atinarle al ganador, porque de lealtades, trayectorias y militancias, mejor ni hablar, todo es negociable, aunque esto signifique un costo en imagen, a fin de cuentas, la apuesta es a la corta memoria y a la gran indulgencia que predomina en el ámbito de la política. Claro está que, para alivio de nuestra vida democrática, cada vez hay más memoria y menos indulgencia.

Los cambios de camiseta en la política se dan en todos los partidos. En algunos casos, los menos, hay dignidad en estas decisiones como cuando los partidos rompen con sus principios y modifican su rumbo original. Inclusive, cuando se sobre ponen, a los méritos y trayectorias, compromisos y arreglos políticos, en la postulación para algún cargo de elección popular.

No son pocos los ejemplos en los que quien, al no obtener el respaldo institucional, a pesar de sus buenas credenciales, decide competir por la libre o por otro partido, y resulta ganador. Son casos en los que, por lo general, los partidos cometen yerros en la selección de sus candidatos.

Pero las más de las veces, es el oportunismo y los intereses muy personales los que generan inquietud que lleva a la decisión de abandonar la nave, sin voltear al pasado. La seducción de un futuro prometedor, podríamos decir que es el denominador común, pero sin descartar la capacidad del poder metálico para convencer y ganar voluntades.

En nuestro escenario político, Morena, el partido joven con más empuje, es quien está obteniendo la mayor cosecha de las deserciones. Las más recientes, la mencionada de 9 senadores perredistas y la de dos diputados federales, uno que abandonó al Partido Verde Ecologista y otro del Movimiento Ciudadano. También el PRI y el PAN han sufrido defecciones, a la cuenta de Morena. Varios de ellos, sin embargo, como ha sucedido en el estado de Veracruz, han brincado del PRI al PAN o viceversa y ahora a Morena, lo que sólo se puede explicar por el oportunismo que los invade.

No nos extrañe, pues, que a medida que la fecha de la postulación formal de los aspirantes a la silla presidencial se vaya acercando, estamos a sólo poco más de cinco meses, surjan nuevos reacomodos por deserciones, pues dicen que a la oportunidad la pintan calva.

Hay que insistir que a la fecha solo hay un candidato presidencial declarado, los demás son aspirantes que tendrán que librar una competencia interna para lograr la postulación de su partido. Este dato es importante para darle la valoración correcta a los resultados de las encuestas, y no incurrir en cuentas alegres.
 
 
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